¡Año nuevo! ¡Chalet nuevo!
January 7th, 2008La aventura de iniciar un nuevo año siempre ilusiona a fondo. La posibilidad que despierta nuevos logros, nuevos objetivos y muchas y mejores expectativas que siempre hacemos llegada la media noche del último día del año viejo, nos abre un abanico de esperanzas y un interminable deseo de hacer las cosas, aunque sea durante los primeros días.
Gaby, una amiga mía que radicaba en Francia desde hacia ya dos años, llegó a Madrid a pasar las fiestas con su familia y a darse la borrachera de su vida conmigo en año nuevo. Siempre fuimos buenos amigos, desde pequeños andábamos juntos para todos lados, ella siempre pegada a mí y yo siempre fastidiándola a ella, luego ella partió a Francia a seguir sus estudios. Vivió en Paris y luego en Londres donde se enamoró a los seis meses de llegada, su primera propiedad fue un pequeño chalet en la ciudad parisina. Su novio era un estudiante de arquitectura al que había conocido en una noche de parranda. Mi amiga siempre había sido de una bohemia a flor de piel.
Me contaba mediante mail que había estado buscando apartamentos por toda la ciudad, que la renta de pisos en Francia era bastante cómoda y que le fascinaba los edificios pequeñitos y antiguos que podía encontrar por todo los alrededores de Paris. Me decía, también mediante mail, que estaba pensando regresarse a España en unos años, que prefería la bohemia de Madrid a la parisina, que estaba por terminar sus estudios y que se moría de ganas por presentar a todos a su última adquisición, su novio Federico Zidenni.
Había estado pensando en alquilar un piso primero y luego, con el tiempo, comprar la propiedad para cuando decida regresar a Francia, ya sea por trabajo o estudios; lo mismo pensaba hacer en Madrid, razón por la que me había encomendado que le averiguara algunos apartamentos en venta para que cuando regrese pueda visitarlos.
Ella parecía feliz, contaba siempre de sus paseos y viajes de fin de semana por toda Francia, contaba que había conocido al amor de su vida y que era muy afortunada. Así serian sus mail durante casi un año. Había decidido finalmente alquilar un chalet muy cerca del centro de Paris. La venta había sido beneficiosa pues lo adquirió en un remate. El lugar era bastante antiguo pero muy confortable y con una atmósfera del siglo XVIII, según decía Gaby, olía a revolución hasta en el baño del chalet.
A inicios del 2008 un mail me sorprendió a media mañana en el trabajo, Gaby me escribía puntualmente y en estilo telegráfico: Estoy sola. Me abandonó. Para ese entonces ya le había enviado varias propuestas de apartamentos a su elección, ella había descartado mucho y seleccionado minuciosamente algunos para visitar en su regreso. La vuelta de Gaby parecía adelantarse ante su fallido intento amoroso.
Así, me sorprendió en la puerta de mi apartamento días antes de navidad y luego en año nuevo totalmente radiante y con unas ganas infinitas de caer en brazos del alcohol. Ya con unas copas encima, me confesó que había rentado un chalet aquí en Madrid muy similar al que tenía en Paris. Tenia la esperanza de volver a enamorarse y de volver a vivir un romance parisino, esta vez, a lo madrileño.